| Copla de vanguardia |
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| Escrito por Equipo enStock |
| Lunes, 11 de Mayo de 2009 15:33 |
![]() Pocas veces se tiene la oportunidad de asistir a un acontecimiento como el sucedido ayer en el madrileño Teatro Circo Price. Por una vez, el espectáculo no requería acróbatas, animales ni payasos; todo lo que había que ver y, sobre todo, oír, era la presencia y el arte de una de las creadoras más revolucionarias de la música española. Porque, para quien no lo sepa, Maribel Quiñones, Martirio, es uno de los fenómenos escénicos y discográficos más auténticos de los últimos años. Aunque muchos otros lo han intentado, sólo ella, mediante la deconstrucción, la fusión y una enorme sensibilidad ha conseguido revivir la música popular española mediante una operación fascinante: alterar la forma dejando intacto el núcleo de la copla, que es lo escénico, lo teatral, lo ritual, lo sacramental casi. Eso fue lo que demostró anoche: durante dos horas Martirio ofreció un recital de una calidad musical y dramática absolutamente impecables, demostrando por qué la inteligencia y la creatividad son tan importantes como la voz (que, en su caso, es además magnífica). Anoche presentaba su nuevo disco, que recoge temas pertenecientes a una carrera, la suya, que dura ya 25 años. El disco fue grabado el año pasado en la barcelonesa sala Luz de Gas con una instrumentación minimalista que Martirio llama irónicamente “mi filarmónica”: el pianista Jesús Lavilla y el guitarrista Raúl Rodríguez, que además de ser productor y colaborador habitual de sus proyectos, es hijo de la artista. El concierto de anoche contó con esta misma instrumentación, y el resultado fue sublime: antes que muchos otros trataran de desnudar la copla para dotarla de una sofisticación de jazz, Martirio ya lo había hecho casi todo en ese campo, y se encargó de demostrarlo. El repertorio fue exquisitamente elegido, incluyendo temas pertenecientes a todas sus etapas o, como dijo ella, a “todos los ritmos diferentes que hemos tocado”. Porque la música, cuando hablamos de Martirio, es una cuestión de ritmos, y es en el control absoluto de los ritmos, las cadencias y las sonoridades de músicas muy diversas (flamenco, copla, tango, bolero, sevillanas o bossa nova) donde radica su mayor talento. Y este talento es sobresaliente: interpretando “Volver” de manera auténticamente flamenca o fragmentando con cadencias de jazz los acordes de “María la portuguesa” o “Torre de arena” Martirio demostró por qué, a su lado, las demás recreaciones de copla contemporánea no son más que aproximaciones: sólo ella llega hasta el corazón escénico y sentimental de la copla, a la vanguardia y al misterio (sus gafas de sol, que no son cualquier cosa) y a la profundidad de un género y una ética musical no siempre comprendida. El vestuario, la puesta en escena y la música estuvieron perfectamente acompasados y arroparon a una Martirio emocionada e inspirada, que respondía a las alusiones de un público entregado y receptivo. La artista desplegó su control del escenario, su imponente presencia escénica y su faceta actoral, convirtiendo el recital en un espectáculo a caballo entre lo musical y lo teatral. Una de esas cosas, en definitiva, que sólo se pueden disfrutar en directo. A pesar de ello, el disco que se presentaba consigue transmitir esa magia y esa teatralidad de Maribel Quiñones, Martirio, una de las artistas más auténticamente vanguardistas y originales de la escena española.
Carlos Primo |




